Impunidad

Lucas Leon Simon

cascos

No sólo era el robo refinado de los caudales públicos. No sólo era la asociación de malhechores en forma de partido político. No sólo era el secuestro de las libertades y el desprecio del bien común.

Era la atmósfera, circundida y marcada, estructurada y voluble, de impunidad. Era el abuso del aparato del Estado, la linde rota de la Justicia, el tejido desinflado de la voluntad popular. Eran los repugnantes ladrones del podio, la tribuna y la palabra.

¿Quedaría aire no contaminado en aquel país del atraco desde la donación interesada, de la comisión criminal, del fiscal vendido, de la hipócrita conceptualización de la noticia y del olor a pescado podrido de las tribunas?

Ontológicamente corruptos, corresponsablemente corruptos, asquerosamente corruptos. El presidente era corrupto, el juez era corrupto, el fiscal era corrupto, la infanta era corrupta, el rey era corrupto, el supremo era corrupto, la política era corrupta, la mentira…

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